Advertencia: esta nota fue calificada PG-18, por lo tanto no es recomendable que la lean menores. De igual manera, contiene gran cantidad de spoilers, agresiones y sinsentidos. Aquellos valientes que decidan leerla están avisados.
Días. Meses. Años. Sí, AÑOS. Yo era un adolescente que recién ingresaba al secundario, teniendo cierta noción de videojuegos pero dedicaba mis tardes a estar en la calle con amigos, jugando al fútbol y mirando chicas. Se podría decir que, dentro de los parámetros de nuestra sociedad, era normal. Uno más.
Como en casa me habian concedido un sólo deseo (era la Playstation o la Pc… y la decisión fue sencilla), me hallaba carente de consolas y saciaba mi sed por los videojuegos con la
nombrada plataforma. Hasta el momento mi catálogo de juegos era provisto por las recomendaciones que brindaba la vieja Action Games, la cual luego sería reemplazada por una opción de mayor calidad, Xtreme Pc. Sin embargo, nada me había preparado para lo que estaba por ocurrir.
“Metal Gear Solid” dijo mi amigo Ariel.
“Eh!?” le respondí, sin entender el nombre del título.
“Metal Gear Solid. Compratelo y pasalo de punta a punta. Es el mejor juego que existe.” insistió.
No tardamos mucho en ir al chino que vendía juegos, el cual curiosamente lo hacía en una tienda de ropa para mujeres. Raro, como todo pirata del 2000. Sin embargo, a pesar de las dificultades que traía la diferencia de idiomas -porque yo no hablaba chino y él se las arreglaba bastaante bien para no entender español-, pudimos conseguirlo. “Metal Gear Solid”. Dos CDs. Veinte pesos. Que inocente era… estaba lejos de saber que ese juego significaría tanto para mi.
Pero… ¿a qué viene todo esto?
Digamos que hace 10 años empezó, para mi, una saga que recientemente acaba de terminar. El pasado fin de semana pude pasar Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots, el último título de esta licencia, y me encuentro en condiciones de decir lo siguiente:
KOJIMA, SOS UN HIJO DE PUT…
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